Confucio y el valor de la amistad


Para Confucio el valor 仁 (Rén), bondad o benevolencia, consiste en “dominarse a sí mismo y regresar al rito” . El rito es muy importante para Confucio porque constituye un puente con el pasado y con la virtud de los antiguos y solo a través suya se puede conocer y tener una vida plena. El rito para Confucio es el principio que estructura el orden humano y social y la totalidad orgánica del universo.

Ya en la época de Confucio, se había producido la transición de los ritos y los sacrificios antiguos, con los dioses como intermediarios, hacia los juramentos que son contratos que vinculan a los hombres entre sí, sin intervención divina, por medio de credenciales o de testimonios de fe. Esto permite a Confucio poner entre paréntesis el objeto del sacrificio manteniendo la emoción y por tanto el 誠 (Chéng), la sinceridad, que es lo que hace que el sacrificio sea autentico.

Ese 信 (Xìn) o fidelidad a la palabra dada de los juramentos será una de las virtudes cardinales del confucianismo ya que produce la unión de los actos y el discurso representando la vertiente social de la sinceridad. Esto es lógico ya que para Confucio el hablar debe ser sinónimo de actuar y dice: “toda palabra que no es acción no merece ver la luz (la palabra que no tiene efecto práctico no es solo inútil, también es perniciosa)”.

La sinceridad, junto con la lealtad, la sabiduría y el sentido del deber, es una condición imprescindible para ser un hombre honesto. Confucio dijo: “No sé cómo puede darse un hombre sin sinceridad ¿Acaso podría andar un carro grande sin lanza en la que enganchar los bueyes o un carro pequeño sin aparejo para los caballos?” (Analectas, II, 22).

La amistad también requiere para su existencia del tacto que remite a la idea de un juicio acerca de las relaciones de reciprocidad. Es pues, juzgar de manera equitativa las relaciones equilibradas que se instauran entre uno mismo y el otro. “La vía del maestro se reduce a esto: Lealtad y Tacto” (Analectas, IV, 15) donde lealtad es exigencia hacia uno mismo y tacto o indulgencia, ponerse en el lugar del otro.

Entonces la lealtad, la sinceridad y la confianza que emana de esas virtudes permiten instaurar una relación directa entre los hombres: la amistad, a partir de la cual se construye la relación maestro-discípulo que es algo nuevo de Confucio (o al menos su caracterización), la relación pedagógica, recomponiendo los valores de la nobleza antigua dentro de su escuela. También en las Analectas queda patente esta idea de concordancia armoniosa entre maestro y discípulos.

La función de la bondad (expresada en los ritos y la música y condicionada por ellos) sería: saber entrar en relación con el otro de manera armoniosa y gentil, respetando los usos y al tiempo creando nuevas figuras. La amistad como los ritos, no es una relación automática, ambos exigen una improvisación que estará guiada por los afectos.

Confucio dijo: “Transmito pero no innovo, tengo fe en la antigüedad y la amo” pero también dijo “Solo es capaz de enseñar aquel que repitiendo lo antiguo puede suscitar algo nuevo”. Repitiendo algo antiguo, Confucio ha logrado algo nuevo: caracterizar la amistad como relación fundamental entre los hombres y herramienta para llegar a ser hombres honestos.

Esta caracterización de la amistad por parte de Confucio como única relación opcional tiene mucho más que ver con el humanitarismo (que además demostró el propio Confucio durante su vida, relacionándose con personajes de toda clase y condición y permaneciendo fiel a sus amigos aunque le exasperaran) y es mucho más trascendente para la Humanidad que la de Piedad Filial que viene heredada de anteriores estructuras de subordinación y no supone más que la perpetuación de un modelo social opresivo, sobre todo debido al uso interesado que se le ha dado tras la muerte del maestro. Por el contrario con la amistad, en lugar de conformismo social tenemos melodía interpersonal.

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