La política de planificación familiar y el desequilibrio de sexos en China


Como es bien sabido, en los años 70 China pone en práctica toda una serie de medidas para controlar y reducir la natalidad. Este planteamiento choca frontalmente con los conceptos tradicionales sobre la familia, profundamente arraigados. Tradicionalmente se había considerado que era bueno y aconsejable casarse joven, tener hijos pronto y cuantos más hijos, mayor felicidad. Incluso el presidente Mao Zedong en un primer momento refuerza estos conceptos tradicionales, estimulando la formación de familias numerosas, ya que consideraba que el crecimiento rápido de la población, de la fuerza de trabajo posibilitaría un desarrollo rápido de la nación, posibilitaría la modernización. Bajo la óptica marxista, Mao negaba que pudiese existir un problema de población al no existir la propiedad privada.

 

“Se debe considerar positivo que China tenga una población numerosa. Incluso si la población de China debiese multiplicarse varias veces, podría encontrar soluciones a los problemas creados por su incremento; la solución reside en la producción… Revolución más producción pueden resolver el problema de alimentar a la población”

 Años después van haciendo cada vez más evidentes los problemas de escasez de recursos que se derivan del crecimiento de la población. En los años 60 ya empiezan a desarrollarse algunas campañas pero sin demasiada incidencia. Es en el año 72 cuando comienzan a aplicarse políticas demográficas activas para controlar el crecimiento de la población y en el 79 se pone en marcha la famosa política del hijo único.

 La primera campaña de planificación familiar del año 1972 tuvo un resultado positivo en cuanto al logro de sus objetivos ya que la fecundidad descendió, de 5,8 niños por mujer en1970 alos 2,7, alcanzados en 1979.  La campaña sugería que las personas debían esperar más tiempo para contraer matrimonio y tener hijos, prolongar el tiempo transcurrido entre un embarazo y otro y tener familias más reducidas.

 Ante estos resultados, positivos pero todavía insuficientes teniendo en cuenta la proyecciones de población para años venideros, el gobierno decide dar un paso más con la política del hijo único bajo el lema de “una familia, un hijo”, aunque contempla algunas excepciones para ciertas zonas rurales (donde sí se podía tener un segundo hijo pero con cierta distancia entre uno y otro, etc.) y para las minorías étnicas. Para reducir la fecundidad, el gobierno impuso multas a los padres que tuvieran más de un niño, aumentó la edad para contraer legalmente matrimonio (Ley  de Matrimonio de 1980, eleva la edad legal de los18 alos 20 años para las mujeres y de los20 alos 22 para los hombres, aunque la edad recomendada es mayor: 23 y 25 respectivamente), promueve la utilización de métodos anticonceptivos, así como la práctica de la esterilización o del aborto, si se sobrepasa el hijo único. El programa incluye además incentivos de carácter positivo, no solo sanciones (baja de maternidad más prolongada, preferencia en la asignación de vivienda, mejores servicios pediátricos, etc. para las parejas que con un hijo se comprometen a no tener más y reciben así un certificado)

Con estas medidas se ha conseguido que la tasa de fecundidad siga descendiendo de los 2,7 hijos por mujer en1979 a1,9 en 1.995 (actualmente la cifra que se maneja es 1,7 niños por mujer)

 Consecuencias:

1. Freno del crecimiento demográfico: la evaluación oficial de la política de planificación familiar es absolutamente positiva. De acuerdo a China Internet Information Center, “gracias a la práctica de la política de planificación familiar, la gente ha cambiado sus conceptos sobre el matrimonio, la procreación y la familia, y acepta la política de los casamientos y procreación tardíos y de poco número y la eugenesia”, al tiempo que se “libra a las mujeres de procreaciones frecuentes y cargas familiares pesadas, y mejora la salud materna e infantil“. Según Zhang Weiqing, ministro de la Comisión de Planificación Familiar Estatal, la política de un solo hijo -que prometía mantener la población del país por debajo de los 1.300 millones de habitantes antes del 2000- evitó 330 millones de nacimientos en las últimas tres décadas. La ONU estimó antes de adoptarse la política de planificación familiar que China alcanzaría los 1.600.000.000 de habitantes en torno a 2005, lo que permite comprobar el éxito de Pekín en su lucha contra la superpoblación

 La caída sustancial del crecimiento de la población ha permitido a China aumentar considerablemente la renta, la disponibilidad de alimentos y el consumo de energía per cápita, y ha contribuido a reducir sustancialmente el porcentaje de personas “pobres” (250 millones en 1978 y 70 millones en 1995, 33% y 8% respectivamente de la población total)

2.  Desequilibrio de sexos: este desequilibrio tiene sus raíces en la preferencia tradicional del pueblo chino por los hijos varones. Esta preferencia cultural unida a la restricción de tener un solo hijo ha dado lugar al empleo de métodos de todo tipo para lograr que ese hijo único sea varón.  

 –          Aborto selectivo: China es probablemente uno de los pocos países del mundo donde, contando con las posibilidades técnicas de hacerlo, se prohíbe a los padres y madres conocer con antelación al nacimiento el sexo del futuro hijo.
Esa medida ha sido dictada por las autoridades sanitarias para evitar que los propios padres provoquen abortos, al saber que la criatura que esperan es de sexo femenino. Si bien el aborto seleccionado por sexo está prohibido, el examen por ultrasonido, que determina fácilmente el sexo, es cotidianamente conseguido mediante soborno. En China existen más de 200.000 clínicas y consultorios “locales” que cuentan con modernos aparatos de ultrasonido. Un problema añadido es que los aparatos de ultrasonido sólo pueden establecer el sexo de un feto en el cuarto o quinto mes de embarazo. Esto determina que se realicen abortos tardíos, con complicaciones de salud permanentes para las mujeres intervenidas (en contra de la mejora de la salud de la mujer que se mencionaba entre las consecuencias positivas). Como dato estadístico, se calcula que el 97,5% de los bebés abortados son niñas, lo que claramente pone de manifiesto que, se trata de abortos por razón de sexo en la mayoría de los casos y no de abortos terapéuticos, salvo excepciones.

–          Abandonos de niñas: Más del 90 % de la población infantil que custodian los orfanatos son niñas abandonadas -muchas de ellas, segundas hijas de familias campesinas- entre 1 y 4 años de edad. Muchos campesinos consideran que sería una gran deshonra para sus ancestros no tener un heredero masculino. A menudo, las parejas cuyo primer hijo fue varón firman el certificado de un niño por familia, mientras que aquellos cuyo primer hijo es una niña continúan intentando tener un niño, exponiéndose a pagar multas que resultan inalcanzables, o a la destrucción de la vivienda por parte de oficiales de Planificación Familiar.

–          Tráfico de niñas para adopción ilegal o tráfico de órganos. Se han detectado algunos casos que han trascendido a la opinión pública.

Actualmente el desequilibrio entre las poblaciones masculina y femenina es un hecho innegable. Se considera que, en una sociedad no sometida a ningún control demográfico el número de nacimientos de niños es similar al de niñas, manteniéndose un equilibrio natural o en todo caso ligeramente inclinado hacia el lado masculino. Como media se calcula que por cada 105 niños nacen 100 niñas. Esta proporción no se cumple en China, donde en la actualidad nacen unos 120 niños cada 100 niñas (dato publicado en 1998 en el diario Shanghai Express y que coincide con el censo de población del año 2000). Como un ejemplo concreto, tenemos que en la provincia Hubei el número de niños nacidos por cada 100 niñas aumentó de 107 en 1982  hasta 130,3 niños por cada 100 niñas en 1995.

 Las consecuencias de este desequilibrio ya se están dejando sentir y se prevé que vayan agravándose a medida que avance el tiempo. Se estima que en los próximos veinte años (para el 2020) cerca de 40 millones de hombres jóvenes chinos no podrán casarse ni formar una familia, porque no habrá suficientes esposas para hacerlo (advierte un informe publicado por USA Today). Hay otras estimaciones igualmente preocupantes (de acuerdo a un informe realizado por Hudson y Den Boer dela Universidad de Kent y divulgado por la publicación International Security, en el año 2020 China tendrá entre 29 y 33 millones de hombres solteros de entre 15 y 34 años)

 El Tráfico de mujeres es una de las consecuencias que ya se están produciendo. Cada año se registra la desaparición o secuestro de miles de mujeres chinas, condenadas al tráfico de prostitución o matrimonio (Incluso afectando a otros países) El tráfico de novias es común en áreas rurales. (En febrero de 2002 el periódico Los Angeles Times informaba que, de acuerdo a estadísticas gubernamentales, en 1999, 6.800 mujeres chinas habían sido declaradas como raptadas o desaparecidas. En el artículo se señalaba lo dudoso de esta cifra, que según expertos estaría muy por debajo de la realidad. Ese mismo año fueron rescatadas 7.660 mujeres; varias volvían con hijos.)

 En el año 2001 el gobierno decide revisar la política de planificación familiar para introducir algunas modificaciones y adaptarla a los nuevos tiempos, de esta revisión surge la Leyde Población y Planificación Familiar de septiembre del 2002. Posteriormente además, varias provincias han desarrollado sus propias regulaciones adaptando esta ley a las características propias del lugar. Se sigue promoviendo el matrimonio tardío y el hijo único, igualmente tardío, sin embargo, la ley introduce un cambio al permitir a cada familia tener un segundo hijo en determinados casos: (cuando tanto el marido como la esposa son hijos únicos, cuando el matrimonio ha decidido adoptar al no poder tener hijos biológicos y posteriormente consiguen tenerlo, cuando uno de los cónyuges que se casa por segunda vez ya tiene un hijo el nuevo matrimonio puede tener su propio niño, cuando el hijo nace con deficiencias físicas o mentales, en el caso de campesinos que sólo tienen una niña). Y además, como decía, están las regulaciones particulares por zonas, que pueden introducir más flexibilidad. Es destacable que se han adoptado una serie de generosos incentivos para las familias que tengan dos niñas con el objetivo de corregir el desequilibrio (para evitar el abandono de la segunda hija hasta conseguir el varón deseado).

 Además, se han puesto en marcha campañas de concienciación para combatir la mentalidad feudal de preferir hijos varones.  El programa incluye una ingente labor educativa, importantes gratificaciones económicas a las familias que, teniendo una hija, se acogen a la planificación familiar.

También se gratifica con diferentes sumas a los padres y madres que envían a la hija a la escuela secundaria o a centros de educación superior.
La cuestión es: ¿es la planificación familiar la causa de este desequilibrio de género?

Muchos estudiosos han considerado que entre estas dos variables existe una relación causa-efecto. Ante las opiniones que claramente relacionan la política de planificación familiar con el desequilibrio de género encontramos también argumentos en contra de esta hipótesis, que indican que este desequilibrio ya se había producido en épocas pasadas en China. Algunos estudios sugieren que el recorte en el número de mujeres ya era un dato en las crónicas dela China Imperialy que también lo fue durante la era republicana. Por otro lado, también señalan que este desequilibrio también se da actualmente también en otros países como Corea, que no aplican ninguna política de planificación familiar.

Desde esta óptica, las causas deben buscarse en las raíces históricas y culturales, que hacen que tradicionalmente y también hoy en día haya una clara preferencia por los hijos varones.  Para los partidarios de esta hipótesis el desequilibrio se habría producido con o sin planificación familiar y atribuyen a la herencia confuciana el mayor peso como causa de esta situación.

Es interesante hacer una referencia al “Libro de los Ritos” o “Liji”, en el que se establece lo que se conoce como las “tres obediencias” para la mujer y que dice “en la familia se obedece al padre, al casarse se obedece al marido, a la muerte del marido se obedece al hijo”. Esta concepción tiene una incidencia práctica muy grande ya que determina que tras la boda la mujer pasa a ser de la familia de su marido y atenderá por tanto a sus suegros en la vejez, lo que hace que los padres prefieran hijos varones para asegurarse ese apoyo y sustento en su vejez. Los hombres heredan el linaje y se ocupan de cuidar a los padres durante su vejez. Las mujeres se casan y se dedican al cuidado de su familia política. En el campo, donde viven dos terceras partes de la población, los hijos varones son indispensables a la hora del relevo generacional en las labores agrícolas y, en muchísimos casos, constituyen una fuerza laboral insustituible en el esfuerzo cotidiano por ganar el sustento familiar. Esto hace que entre las familias campesinas se desee, por sobre todas las cosas, tener hijos varones como medio de conseguir una vida económicamente más holgada, y perdure cierto rechazo a las niñas, que sólo “traen gastos suplementarios sin posibilidad de retribución

Por otro lado, los hijos varones son los continuadores del linaje ancestral, es por tanto muy importante continuar la línea genealógica masculina para mantener el culto a los antepasados. Dice Mencio “Hay tres cosas contrarias a la piedad filial, y no tener descendencia masculina es la peor de ellas”. Este tipo de concepciones arraigadas culturalmente, incluso de forma subconsciente, son la base de la discriminación social de las mujeres sin hijos varones

Este sistema patriarcal se institucionaliza, según los estudiosos en el período Zhou 1122 – 256 a.C., y la sociedad china y en particular la familia pasan a estar reguladas por el llamado sistema zongfa, una serie de normas establecidas para la determinación del nivel de parentesco con el objetivo fundamental de continuar la línea genealógica masculina para mantener el culto a los antepasados) Por tanto, Confucio, Mencio, vinieron de hecho a sancionar con su pensamiento una situación de sometimiento que ya existía.

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